El negocio del Kit Digital: cuando la subvención se convierte en un producto

Desde su lanzamiento en 2022, el Kit Digital ha sido una de las iniciativas más ambiciosas del Gobierno de España para impulsar la digitalización de pymes y autónomos. Con una dotación de más de 3.000 millones de euros financiados con fondos europeos, el programa pretende facilitar la adopción de soluciones tecnológicas mediante subvenciones directas. Sin embargo, más allá de su propósito original, el Kit Digital ha dado lugar a un modelo de negocio paralelo en el que la clave no es tanto recibir la ayuda como «venderla».

Un mercado en torno a la subvención

El Kit Digital ha generado un ecosistema de agentes digitalizadores, consultoras y empresas especializadas en captar beneficiarios y gestionar sus solicitudes. En teoría, las pymes seleccionan un proveedor acreditado que implementa la solución tecnológica adecuada y factura directamente al programa. En la práctica, muchas compañías han encontrado en esta subvención una oportunidad para maximizar ingresos a través de la intermediación.

Un primer nivel de negocio se encuentra en la captación de clientes. Muchas pymes desconocen el Kit Digital o encuentran dificultades para solicitarlo, lo que ha dado lugar a un mercado en el que consultoras y empresas tecnológicas compiten por atraer beneficiarios. En algunos casos, estos leads son vendidos a agentes digitalizadores por una comisión.

¿Digitalización real o soluciones empaquetadas?

Otro punto de debate es la adecuación de los servicios ofrecidos. En muchos casos, las soluciones se presentan en paquetes cerrados con precios ajustados a los máximos subvencionables, lo que plantea dudas sobre si realmente se están adaptando a las necesidades de cada empresa o simplemente optimizando la rentabilidad del proveedor. Esta estrategia permite garantizar que el beneficiario no tenga que realizar ningún desembolso adicional, lo que facilita la conversión de clientes, pero no siempre se traduce en una digitalización efectiva.

Además, algunas empresas han recurrido a prácticas cuestionables, como la oferta de servicios de bajo valor real o la inclusión de costes adicionales para aprovechar al máximo la subvención. En estos casos, la ayuda deja de ser un impulso para la transformación digital y se convierte en una transacción financiera donde el principal beneficiado es el proveedor y no la pyme.

Un caso real: cuando la digitalización no es rentable

Tomemos como ejemplo el caso de un hotel de tamaño mediano en la Costa del Sol. Su propietario, atraído por la promesa de digitalización sin coste, solicitó el Kit Digital para mejorar su página web, integrar un motor de reservas y optimizar su presencia en redes sociales. La empresa digitalizadora, acreditada dentro del programa, le ofreció un paquete cerrado que coincidía con el importe máximo de la subvención.

Sin embargo, tras la implementación, el hotelero se encontró con varios problemas: la nueva web tenía limitaciones que no permitían personalización, el motor de reservas no estaba bien integrado con su sistema de gestión y la estrategia de redes sociales apenas consistía en publicaciones genéricas sin impacto real en su visibilidad. Al final, el hotel no solo no mejoró su digitalización de manera efectiva, sino que, además, tuvo que contratar otro proveedor para corregir los errores. En lugar de beneficiarse de la ayuda, terminó perdiendo tiempo y oportunidades de negocio.

Un efecto perverso: el aumento de precios para quienes no acceden a la subvención

Otro impacto indirecto del Kit Digital es el aumento de los precios de los servicios tecnológicos para aquellas empresas que no quieren o no pueden acceder a la subvención. Dado que muchos proveedores han ajustado sus tarifas al importe máximo subvencionable, se ha generado una inflación artificial en el sector. Empresas que buscan contratar servicios digitales fuera del marco del Kit Digital pueden encontrarse con precios inflados, ya que los proveedores han adaptado sus estructuras de costes a la financiación pública.

Esto supone un problema para pymes que, por diferentes razones, no pueden acogerse al programa o prefieren soluciones más personalizadas. Al estar los precios de mercado condicionados por la subvención, estas empresas pueden verse obligadas a pagar más por los mismos servicios que antes costaban menos, sin tener acceso a los beneficios del Kit Digital.

El papel del Gobierno y los retos del programa

El Gobierno ha intentado regular la actividad de los agentes digitalizadores con normativas que limitan ciertas prácticas abusivas, pero el volumen de solicitudes y la complejidad del programa han dificultado el control efectivo de todas las operaciones. La rapidez con la que se han adjudicado las ayudas también ha sido un factor determinante en la proliferación de estos modelos de negocio.

El reto de futuro para el Kit Digital no es solo alcanzar a más empresas, sino garantizar que la inversión pública realmente impulse la competitividad de las pymes. Para ello, es fundamental que las soluciones tecnológicas ofrecidas sean de calidad y que los beneficiarios puedan tomar decisiones informadas sobre cómo utilizar los fondos.

En definitiva, el Kit Digital ha generado una oportunidad para la digitalización, pero también para la intermediación comercial en torno a una subvención que, en muchos casos, ha pasado de ser una ayuda a convertirse en un producto con su propio mercado.

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